Simulacro de accidente en la central de nuclear de Almaraz

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La mayor falsa alarma en la historia de Almaraz

Un vecino se expresa de modo cristalino: «El día que pase algo, está claro lo que yo haré, coger el coche y tonto el último»

6/11/2013

Los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, la Unidad Militar de Emergencias, los observadores extranjeros, la caravana de coches con sirena y el helicóptero que ayer vieron en Almaraz (1.558 vecinos) son una nadería, un sucedáneo de emergencia, comparado con lo que ocurrió en el pueblo la mañana del 8 de julio del año 2011, cuando no hizo falta parafernalia alguna. Bastó con que un interruptor se activara cuando no debía para que los altavoces repartidos por las calles del municipio más cercano a la central nuclear más productiva del país empezaran a lanzar mensajes que dejaron guisos a medias y dispararon pulsaciones.

Esos altavoces están por todos sitios. Hasta en lo alto de la torre de la iglesia, junto a dos relojes que van a su aire, a cual más descabalado. Nunca antes, esos aparatos voceros habían trabajado tanto como ayer, y se confía en que no vuelvan a hacerlo jamás. El precedente de hace dos veranos y la sobredosis de charlas y reuniones de los últimos tres meses en la zona ayudan a explicar por qué a las diez menos diez de la mañana de ayer, cuando la megafonía lanzó el primer mensaje con las palabras emergencia y nuclear juntas en la misma frase, nadie en Almaraz se asustó. Teo Moreno siguió con los brazos apoyados en la barandilla desde la que observaba el ir y venir de gente vestida de fluorescente por la plaza del Ayuntamiento. En el Bar Galán, los clientes no dejaron ni el café ni el periódico. Y enfrente, dos mujeres y un hombre continuaron charlando a la espera de que diesen las diez y abriese la sucursal de Caja de Extremadura.

Si algún viajante con déficit informativo se dejó caer ayer por Almaraz a esa hora, le sorprendería la proliferación de uniformes oficiales y cámaras de televisión, pero difícilmente imaginaría que acababa de comenzar el mayor simulacro nuclear que se ha celebrado hasta ahora en España. Empezó ayer y se desarrollará mañana. Se celebra entre Almaraz, Navalmoral de la Mata, Plasencia, Trujillo y Cáceres, ha costado en torno a medio millón de euros pagados en su mayor parte por la Unión Europea y en su primer día dejó una mochila de escenas y frases que permiten trazar el dibujo de cómo se percibe el riesgo allí donde el paisaje que luce tras el perfil de casas bajas son dos reactores nucleares.

«Se ha activado el plan de emergencia nuclear. Esto es un simulacro. No hace falta que tomen ninguna medida. Sintonicen en su radio la emisora Radio Almaraz, en el 107.0. Esto es un simulacro». Suena el mensaje con el que comienza todo y una vecina se acerca al grupo de periodistas. «¿Saben a qué hora cortarán las carreteras? Es que tenemos cita con el médico en Navalmoral a la una menos cuarto». Dan las en punto y se oyen las campanas de la iglesia. Se callan y llega ahora el sonido repetitivo de una sirena, cada vez más cerca. Sale de la moto de un policía local que pasa después varias veces más, sin perder la buena costumbre de saludar con la mano a los vecinos que conoce.

Los altavoces no dejarán de trabajar en toda la mañana. Mensajes cada dos, cinco, diez minutos. Está todo planificado. 10.50 horas, un coche de Protección Civil con megáfonos en el techo recorre el pueblo con el copiloto pidiendo «a todas las personas transeúntes que se dirijan al pabellón polideportivo». A las 11.10, la primera palabra clave: confinamiento. O sea, que la gente se quede en casa, que cierre las ventanas, baje las persianas, ponga trapos húmedos extendidos al pie de la puerta y apague el aparato de aire acondicionado. Se trata de que la nube tóxica procedente de la central no entre en las viviendas. A las 11.12 se anuncia el reparto de pastillas de yoduro potásico, que ayudan a evitar que la glándula tiroidea absorba el yodo radiactivo. A las 11.17 se informa a los vecinos de que no deben beber agua del grifo. 11.22: «Los niños van a ser evacuados a Plasencia». Son 135 alumnos en el colegio San Andrés, pero sólo subirán a los autobuses los 69 de Primaria.

Una hora y 28 minutos después, los críos salen, algunos vestidos con camisetas publicitarias del simulacro y otros cubiertas sus cabecitas por gorras azules. Las abuelas y las madres les dicen adiós con la mano y les tiran fotos con los móviles. Y una hora después están en la Estación de Clasificación y Descontaminación simulada de Plasencia, en el pabellón polideportivo, comiéndose un bocadillo.

Antes, les han pasado por todo el cuerpo un aparato que mide el nivel de radiactividad, lo mismo que a otros evacuados. «Esto está fenomenal, deberían hacerlo todos los años, yo por lo menos ya sé que estoy limpio», se felicita Severiano Delgado, vecino de Almaraz que espera junto a su mujer en el pabellón de Plasencia, los dos sentados en una silla a pie de pista. El matrimonio integra el grupo de paisanos que se apuntó a participar en el simulacro de ayer, en el que no han tomado parte ni mucho menos todo el pueblo. La asistencia es libre y previa inscripción, y de los doce municipios incluidos situados en un radio de diez kilómetros en torno a la central (Almaraz, Belvís de Monroy, Casas de Miravete, Casatejada, Higuera de Albalat, Mesas de Ibor, Millanes de la Mata, Romangordo, Saucedilla, Serrejón, Toril y Valdecañas de Tajo), no en todos se ha conseguido suficiente gente para participar en el operativo.

Hay gente, bastante, que ha preferido quedarse en el pueblo. «La central es muy segura, yo participé en la construcción y tiene unos muros de hormigón tremendos, de un metro veinte y con siete capas de ferralla soldadas», explica Teo Moreno, que estuvo más de cuarenta años trabajando en la central nuclear, el negocio que es santo y seña de esta localidad de la comarca de Campo Arañuelo que puede presumir de su padrón municipal.

En el año 2008 había en él 1.250 nombres, según el INE (Instituto Nacional de Estadística). Ahora son 1.558. O sea, 308 vecinos más, o lo que es lo mismo, un aumento de población de casi el 25 por ciento. Toda una proeza teniendo en cuenta que el conjunto los pueblos extremeños con menos de tres mil habitantes redujo su población en la última década en más de 8.500 personas.

Gran parte de la explicación al dato extraordinariamente positivo de Almaraz está en la central nuclear, que procura en la zona más empleo que ningún otro negocio por grande que sea. A las puertas de este espacio que desde la autovía A-5 se identifica por las dos enormes bolas blancas de sus reactores, ayer era un día más. Si acaso, más presencia policial de lo acostumbrado, pero de puertas adentro, la jornada fue rutinaria.

El simulacro internacional Curiex (Cáceres Urgent Response International Exercise) se desarrolla de puertas afueras de la central. «Los que verdaderamente están preparados para el día que ocurra algo, que yo creo que no va a pasar nada nunca, son quienes han trabajado o trabajan en la central, porque están entrenados, allí se hacen ejercicios cada viernes», cuenta Teo Moreno.

Tres pasos delante de él, sentado, está Jerónimo Dorado, que lo contempla todo desde un banco de la plaza del pueblo. Él tiene su propia visión del asunto. «Si esto llega a explotar, se anticipa, aquí no quedan ni las cucarachas, sería como cuando fumigas un corral». Y en un negocio local, alguien que prefiere no salir en el periódico con nombre y apellidos, es aún más tajante. «Aquí, en general, la gente no tiene ni puta idea de lo que habría que hacer». «El día que pase algo, concluye, está claro lo que yo haré y lo que haría la mayoría: coger el coche y tonto el último».

 

Leído en el Diario Hoy de Extremadura.

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