Mundo funerario romano

 

Área de los Columbarios en Mérida

Área de los Columbarios en Mérida

“Si las actividades  cotidianas de la vida generan en campos y ciudades enormes cantidades de restos monumentales, la muerte no lo es menos en cuanto a monumentalidad se refiere, y a los espacios dedicados a ella. En las ciudades  los cementerios aparecerán en las afueras a orillas de los caminos sin excesivo orden. Unas veces lo harán en mausoleos familiares en los que se reunirán familias enteras en un intento de crear un ambiente familiar similar al existente entre los vivos con ajuares que hacen referencia a las actividades cotidianas de los difuntos con la inscripción que recuerda el nombre, la edad y los familiares que le dedican el monumento.

Mausoleo de Los Vocconios

Mausoleo de Los Vocconios

En otras ocasiones serán simples enterramientos los que el cadáver queda bajo un tejadillo a dos aguas y otras una simple fosa excavada en la tierra sin que ningún elemento denote su existencia.

No obstante existió otro rito funerario que consistió en la cremación del cadáver y el depósito de las cenizas en una urna y a su vez ésta en nichos sobre muros que poseen aspecto de palomar, de donde les vendrá el nombre de “columbarios”, con el que se conocen estos cementerios.”

 

Columbario de Pomponio Hylas

Columbario de Pomponio Hylas

Así resume el profesor E. Cerrillo la variedad de fórmulas con las que se manifiesta el ritual de enterramiento en el mundo romano que en nuestra comarca se presenta como fiel exponente de esa tradición, reflejando los distintos yacimientos funerarios la preocupación por un ritual que tenía como pretensión hacer más llevadero el tránsito del difunto al más allá.

Uno de aquellos sepulcros monumentales fue reconocido en El Recorvo (Talavera la Vieja), allí se descubrieron tres bustos de mármol pertenecientes a miembros de una misma familia enterrados en un columbario que resultó destruido por las labores de canalización. Otro enterramiento similar con aspecto de mausoleo turriforme, aparece descrito en las relaciones topográficas de Felipe II en un lugar cercano al Cerro de Las Cabras en el término de Bohonal de Ibor.

Estela doble POMPONIANVS

Estela doble POMPONIANVS

Lo común sin embargo fue optar por las inhumaciones en sepulcros delimitados por lajas de piedras, ladrillos, o mampuestos irregulares como ha quedado de manifiesto en las necrópolis de La Cañada de los Judíos (El Gordo), el Picatón (Almaraz), Campillo de Deleitosa, la Hilera, caseta de peones camineros (Navalmoral de la Mata), etc.., o por tumbas con tejadillo de “Tegulae” (teja romana  plana con rebordes) como las encontradas cerca de la ermita de Los Mártires en Talavera la Vieja.

Los ajuares, cuando se incorporan a la tumba, no llegan a ser más que un conjunto de jarros, platos y algún elemento metálico, herramientas o aderezos de sus poseedores, alcanzando a veces la condición de extraordinarios en el caso de la tumba de La Cañada (Peraleda de la Mata), dónde el cadáver  de una joven de entre 13 y 16 años se enterró dentro de un sarcófago de plomo con sus joyas, una caja con piezas de un juego, vasos de cerámica y vidrio, una lucerna (lámpara de aceite) y agujas de hueso para el pelo.

Fragmento de sarcófago de plomo

Fragmento de sarcófago de plomo

El emplazamiento del sepulcro quedaba a veces señalado por la presencia de una inscripción con el nombre del difunto, la edad, la condición, una fórmula: H.S.E. S.T.T.L.(Hic situsestsit tibi terralevis) y a veces símbolos astrales con la Luna como distintivo femenino – caso de la inscripción de Casas de Belvís – y el Sol como distintivo masculino, – caso de la inscripción de La Oliva en Villar del Pedroso -. El catálogo de estos epígrafes rebasa los sesenta monumentos, aunque hay que decir que entre ellas también se incluyen una docena de pequeños altares o “aras” ofrecidos a los dioses por un dedicante como  símbolo de una promesa cumplida por un favor recibido.

Estela de Lutatia Lupata

Estela de Lutatia Lupata

Otras manifestaciones relacionadas con el hecho religioso las encontraremos en Peñaflor (Berrocalejo), dónde la presencia de altares se asocia a la existencia de un templo, del cual se han encontrado algunos resto de columnas y sillares esparcidos por un acantilado.

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