La Edad del Bronce

Molino tipo montera

Molino tipo montera

Hay que destacar de manera especial dos yacimientos, el de La Muralla y Talavera la Vieja, emplazados sobre puntos elevados del ribero del Tajo, que además de haber proporcionado materiales muy destacados, por ejemplo metálicos, aparentan un mayor tamaño que el resto, y una excepcional posición estratégica de dominio sobre el entorno. Así frente al desinterés defensivo generalizado en el
conjunto, los lienzos de muralla encontrados en el poblado de Valdehuncar,
aunque su correspondencia al periodo que nos ocupa quede por confirmar, no
dejan de ser llamativos, igual que la situación de Talavera la Vieja rodeado de
buenas tierras (PAVON, 1998b: 56), y en un vado, que podría haber sido
importante punto de comunicación entre E-W y N-S (JIMENEZ, GONZALEZ
CORDERO, 1999: 185), parece mostrar también un carácter especial. En
todo caso la realidad es muy variada y en ella deben de influir multitud de
intereses distintos. Es decir poder conocer el verdadero control que estos yacimientos ejercen sobre el entorno obliga a tener en cuenta asentamientos cercanos, aún ligados al propio cauce del Tajo, que no sólo no tienen el mismo carácter destacado sino signos de evidente temporalidad, como ocurre en La Canchera, o la existencia de un poblamiento igual de interesante en la llanura central, una zona mala para la agricultura y con una única opción ganadera que la ha hecho permanecer hasta la actualidad adehesada.

En el plano estructural no hay restos de construcciones de cierta solidez
que pudieran corresponder este momento, pero cuando la vegetación lo permite suelen observase manchas oscuras que destacan por su coloración, y el
contenido de barro. En el caso del Camino de la Corta y La Mata se observa la
existencia de varios fondos de cabaña de 1,70 a 2,45 m. que unidos a esos
restos de barro hacen pensar en construcciones de carácter perecedero, igual
que algunas pellas que han sido sometidas al fuego procederían de estructuras de combustión.

Bocado de caballo

Bocado de caballo

Como suele ser habitual, las prospecciones superficiales han proporcionado mayoritariamente materiales cerámicos, seguidos a larga distancia por
piezas líticas y de hueso, y en menor medida elementos metálicos. Todos ellos
se encuentran hoy depositados en el Museo de Cáceres.
Una primera clasificación de la cerámica, especialmente sugerente en
un análisis como el nuestro, es la división entre cerámica lisa y decorada.
Entre la primera las formas van a ser mucho más variadas, igual que el tipo y
grosor de las pastas, permitiendo el tratamiento de las superficies diferenciar
una cerámica basta, correspondiente a recipientes de gran tamaño que podrían haber cumplido la función de almacenaje. Estas cerámicas gruesas también forman parte del conjunto decorado, pero siempre con ornamentaciones
plásticas o impresas centradas en la presencia de anchos cordones decorados
a su vez con digitaciones y en menos ocasiones ungulaciones, cuando no son
éstas, directamente, las que decoran sus labios. Piezas de este tipo son una
constante en todos los yacimientos prospectados, pero ciertamente su adscripción a los momentos finales de la Edad del Bronce dista de ser certera,
pues es bien conocido, su amplio marco cronocultural. En la misma situación
se encuentran numerosos fragmentos relacionados con diferentes sistemas de
prensión, fragmentos de asas, mamelones, mayoritariamente sin perforación,
o varios fragmentos de queseras, cuya presencia en todo caso sirve para ratificar actividades productivas cotidianas de la vida de un poblado.

Fragmentos de queseras

Fragmentos de queseras

También entre la cerámica lisa hay piezas que por el grosor medio o
fino de su pasta, y el buen tratamiento otorgado a sus superficies deben corresponder a la alfarería más cuidada. Hay en ella un predominio de formas
semiesféricas y carenadas, siendo éstas las que más información proporcionan por su borde exvasado, carenas medias y amplia boca. Su misma réplica
aparece decorada, y nos da pie a exponer los rasgos de la cerámica sin
duda más característica dentro del conjunto que tratamos. Decoraciones incisas
e impresas a base de bandas de espiguillas simples o con tercer trazo, zigzag
simples o dobles, series de círculos, de puntos impresos, reticulados y en especial series de crecientes/ ungulaciones, que además suelen estar rellenos de
pasta blanca, aparecen sobre esas mismas formas carenadas y varios fragmentos de pequeño tamaño de los que desconocemos su perfil y en algunos
casos su orientación. Por lo que sabemos no hay duda de su
ligazón al borde, interior y exterior, así como a la carena, y el predominio de
las series horizontales paralelas, y desarrollos perpendiculares que forman
metopas muy características.

Fragmentos cerámicos

Fragmentos cerámicos

Junto a esas fuentes hay otro tipo de recipientes con carenas marcadas, realmente empeñados en destacar esta zona, incluso añadiendo
mamelones, en esta ocasión con frecuencia perforados. Sobre estos cuencos
encontramos motivos semejantes, reticulados, y otros de mayor complejidad,
o deberíamos decir de rayados continuos, que se concentran en la carena, no
interesando ahora tanto el borde, y que en ocasiones también se rellenan de
pasta blanca. Se trata siempre de cerámica fina, y los tratamientos de sus
superficies alcanzan bruñidos de gran calidad.
Una mención final merecen varios fragmentos de paredes con claras
huellas de haber sido cepillados o escobillados. Al menos los procedentes de
La Muralla corresponden a recipientes de gran tamaño, de borde bien destacado tras un cuello cóncavo. Sólo en ocasiones la superficie estriada
alterna con espacios lisos, siendo un rayado generalizado el del resto de las
piezas, por lo que el interés del procedimiento en la zona podría ser diverso.
Recordemos que actualmente tal interés se debate entre los que consideran al
cepillado una variedad de tratamiento de la superficie (PAVÓN, 1998b: 151),
un uso ornamental (BLASCO, BARRIO, 1989: 217), o una situación intermedia entre ambos (ESPARZA, 1986: 327).

Toberas de fuelle

Toberas de fuelle

Acompañando a la cerámica se han recogido diversas piezas líticas,
que al margen de esa común localización distan mucho de tener una adscripción infalible al periodo que nos ocupa. Láminas y dientes de hoz (Fig. 5, ac), algunos de gran tamaño, son las más frecuentes, con espacio también para
las piezas pulimentadas, más escasas, y mayoritariamente hachas y azuelas.
También al margen de la cerámica contamos con algunos elementos
metálicos. En esta ocasión la aportación, mucho más excepcional en hallazgos superficiales, procede sólo de dos yacimientos, El Baldío de Jarandilla, y
La Muralla, Valdehuncar, especialmente éste último donde se obtuvo un nutrido conjunto de piezas que abarca distintas funcionalidades.

Cerámica Edad del Bronce

Cerámica Edad del Bronce

Contamos con un escoplo de sección cuadrangular y un fragmento de tranchets
con procedencia respectiva de los yacimientos mencionados. Hay también
puntas de flecha de pedúnculo muy pronunciado, y aletas más o menos marcadas, igual que su nervio central, en algunas inexistente, y fragmentos de
varillas de sección circular y en ocasiones extremos aguzados. Forman también parte de la serie un pendiente, varias anillas se sección circular, algunas
abiertas, varios botones, y dos virolas rectangulares de sección oval. Pero sin
duda las piezas más excepcionales son dos fíbulas de codo de tradición sícula,
procedentes del poblado de La Muralla:
-La primera es un ejemplar completo de fíbula de codo ligeramente
asimétrica, de brazos fusiformes de sección oval. Tiene un resorte de
una única espira, y aguja de sección circular que cierra en una mortaja
curva. Ambos brazos están decorados con incisiones dispuestas en
espiga. El brazo inmediato a la mortaja posee junto a la espiga dos
líneas paralelas, y el otro, dos series de cuatro líneas paralelas enmarcando la espiga en forma de metopa.
-El segundo ejemplar de fíbula de codo corresponde a una pieza de
brazos asimétricos, de los que únicamente conserva el más largo, así
como el resorte, también de una espira, y la aguja de sección ciruclar.
El brazo es de forma fusiforme y tiene una decoración incisa de cuatro
líneas paralelas situadas de forma transversal en uno de sus extremos

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