La ciudad romana

Templo Agustóbriga

Templo Agustóbriga

La gran entidad urbana de importancia en la zona fue Augustóbriga, centro administrativo de este territorio y responsable directo de la repartición del poblamiento. En tiempos de los emperadores Flavios recibió  la organización política romana como muestra un epígrafe en el que se menciona al Senatus Populus que Augustobrigense, mención que ha hecho suponer a los más prestigiosos investigadores del mundo antiguo, que Augustóbriga fue convertida en ciudad durante el imperio de Augusto.

Grabado de Talavera la Vieja

Grabado de Talavera la Vieja

Una antigua leyenda de gran arraigo popular, la llegaba a comparar con Ébura, una ciudad céltica que el cónsul Quinto Fulvio ganó a los Carpetanos en el 173 a.C. y que cambia su nombre tras su romanización; sin embargo la arqueología ha demostrado que en el solar donde se levanta la urbe romana, no existió más que un asentamiento del periodo orientalizante (siglos VII – VIII a.C.) desligado de la ciudad legendaria.

La elección del asentamiento  vino determinada en primer lugar por la excelente calidad de la tierra, la presencia de cursos permanentes de agua , la cercanía a minas de cobre y plomo en el valle de San Román, a las canteras de granito y calizas marmóreas, a grandes depósitos de arcillas y a una vía de comunicación que ayudaba a conectar los territorios del sur de la provincia Lusitana con los de la vecina provincia Citerior.

La Cilla

La Cilla

El trazado de la ciudad se ha podido reconstruir con cierta facilidad debido a que a principios del siglo XVI, cuando se construye sobre ella Talavera La Vieja, se respeta parte del trazado viario, dejando libre el decumano máximo que iba de este a oeste y el cardo máximo que iba de norte a sur. Su perímetro fue rodeado de murallas, de las que se conserva una parte, disponiéndose extramuros  las necrópolis localizadas en el entorno de la antigua ermita de Los Mártires hacia el naciente.

El centro monumental donde se desenvolvían las actividades administrativas, culturales y religiosas se situaba en el cruce de las dos calles principales, organizado en torno a una gran plaza o foro (donde se levantó posteriormente la iglesia de la localidad). Allí se ubicaron hasta dos templos, uno de ellos tradicionalmente identificado con la curia de la ciudad, fue trasladado piedra a piedra fuera de la zona de inundación del pantano, mientras que del segundo sólo se salvaron las tres columnas de la fachada principal. El más importante, que probablemente estuvo dedicado al culto imperial.

Al norte de la ciudad, abiertas sobre el barranco se localizan unas termas, descubiertas parcialmente por las aguas del pantano, conservando el edificio, piscinas de baño cubiertas de estuco un “hypocaustum” y cerca los desagües a una cloaca con la bóveda perfectamente conservada. Hacia el norte está el “castellumaquae” o cisterna que servía para almacenar el agua que llegaba a través de un acueducto localizado hacia el sureste, y al pie del crucero de  la iglesia las conducciones de agua con estucados y pinturas que debieron de formar parte del jardín del peristilo del foro.

Otros restos significativos son los bustos de mármol, esculturas de verracos, capiteles y una colección de epígrafes que demuestran como el elemento romano de raigambre itálica (Rufinus, Lucius, Pompeia, Flavia, Laminus, Antonius, Marcus…) se concentró fuertemente en este municipio, mientras que fuera del ámbito urbano los mismos nombres tendieron a mezclarse con nombres de tradición indígenas (Vergetus, Tagana, Vacaeno, Maelo….).

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